Uno de los nuestros

En ocasiones, por azar del destino, durante nuestra guardia nos toca atender a uno de los nuestros, y eso no es sencillo.

Somos profesionales de las emergencias, nos formamos para dar la mejor asistencia a un paciente crítico, y aquellos que trabajamos subidos en una ambulancia además tenemos en handicap que nos toca hacerlo en ambientes inhóspitos, no controlados, donde todo puede ocurrir.

Tenemos cientos de historias, muchas tatuadas en nuestra piel y no todas terminan con un final feliz.

Cuando nos reciclamos y trabajamos con maniquíes de formación, ninguno tiene una cara reconocible, realizamos prácticas de reanimación cardiopulmonar avanzada, de control de la vía aérea difícil, de extricación de víctimas en un supuesto accidente de tráfico, pero nunca reconocemos en el maniquí la cara de un familiar, si se pudiera hacer, nuestra simulación médica sin lugar a dudas subiría de nivel, pues nos expondría a una importante carga emocional y además de entrenar habilidades técnicas o duras, entrenaríamos las mal llamadas soft kills o habilidades blandas.

Pues en nuestra actividad profesional, en la mayoría de nuestros avisos cuando suena el teléfono y nos cuentan lo que le sucede al llamante, nosotros pasamos en cuestión de segundos de un estado de reposo a máxima activación, nuestro corazón se acelera y nuestras neuronas comienzan a dibujar el hipotético escenario que nos están comentando y empezamos a planificar nuestra intervención.

Pues si además, tenemos el inconveniente, que alguna vez nos ocurre, que reconocemos durante la llamada a la supuesta víctima, es decir, que el paciente es uno de los nuestros, alguien muy cercano a nosotros, familia o amigos, padre o hijo de un compañero o el mismo compañero, la adrenalina se dispara por cien.

No es plato de buen gusto, no es algo que nos guste hacer, pero en la calle somos nosotros o nadie más, y es parte de nuestra responsabilidad como profesionales de las emergencias y algo que tenemos asumido.

Pero eso por más profesionales que seamos no es fácil.

Nuestro trabajo es especial, y aquellos que nos enganchamos al apasionante mundo de las emergencias prehospitalarias nos cuesta desempeñar nuestra profesión en otro ámbito. No tenemos agenda de citas. No tenemos planificación programada. No esperamos sentados delante de una ordenador a ver que entra por la puerta. Cada llamada es una nuevo escenario, cada llamada es una nueva historia, y en ocasiones en esa historia el protagonista forma parte de nuestras vidas.

Recuérdalo, fórmate y procura estar siempre preparado para controlar tu peor escenario, porque en ocasiones algunas pesadillas se hacen realidad.

Otra guardia más, otra noche de insomnio Con Tinta de Médico.

JM Salas – divulgador sanitario, autor y editor del libro y blog Con Tinta de Médico.

Máster en Dirección sanitaria, experto universitario en liderazgo.