En los últimos meses se ha abierto un debate necesario sobre las guardias médicas de 24 horas.
Nuestros compañeros hospitalarios están alzando la voz para reclamar su supresión o, al menos, su profunda reforma. Y sus reivindicaciones son legítimas y las comparto. Nadie debería normalizar el agotamiento crónico como parte del ejercicio profesional.
Pero mientras escucho el debate, tengo una sensación difícil de ignorar: se está hablando de las guardias médicas como si toda la sanidad trabajara dentro de un hospital.
Y no es así.
La realidad de la urgencia extrahospitalaria
Los equipos de urgencias y emergencias extrahospitalarias de la Región de Murcia trabajamos con turnos de 24 horas en las UME y con turnos de 17 y 24 horas en los dispositivos SUAP, adaptados a la realidad de nuestra asistencia.
Una jornada larga, intensa y exigente. Como la de otros servicios públicos esenciales: bomberos, policías o guardias civiles. Después llega el descanso. Necesario. Reparador. Imprescindible.
En nuestra Gerencia de Urgencias y Emergencias 061 Murcia, la inmensa mayoría de profesionales estamos de acuerdo con este modelo. Quien prefiere turnos de 12 horas puede solicitarlos y por norma, se conceden. Pero muchos seguimos apostando por las 24 horas.
No por romanticismo.
Por operatividad.
Por organización vital.
Y también por conciliación: concentrar la jornada permite disfrutar después de varios días de descanso que, en otros modelos, serían difíciles de imaginar.
La realidad hospitalaria es distinta. Y merece soluciones propias. Pero la sanidad prehospitalaria también debería formar parte del debate cuando se habla del futuro de la profesión médica.
Un trabajo con riesgos que casi no se nombran
Somos unidades con características propias. Con dinámicas asistenciales diferentes. Con riesgos que rara vez aparecen en los documentos oficiales.
Compartimos escenario con policías y bomberos. Atendemos pacientes en entornos no controlados, a veces directamente hostiles. Entramos en domicilios donde nadie sabe qué vamos a encontrar. Acudimos a agresiones, accidentes, emergencias vitales en mitad de la calle. Con frecuencia somos la primera unidad en llegar.
Nuestras ambulancias llevan luces y sirenas, pero siempre hay un conductor distraído que pone en riesgo nuestra seguridad. Siempre existe ese factor imprevisible que forma parte de cada aviso. Intentamos minimizarlo. Nos entrenamos. Nos protegemos. Pero el riesgo va implícito en nuestro trabajo, 24 horas al día, 365 días al año.
Y quizá ese riesgo, asumido de manera constante y estructural, debería estar reconocido no solo en palabras, sino también en el marco retributivo y profesional de quienes trabajamos en la primera línea asistencial.
Porque no todas las guardias son iguales.
No todos los entornos lo son.
Y no todos los riesgos se viven bajo techo.
Tal vez ha llegado el momento de reconocer de forma específica la singularidad de la asistencia en vía pública.
Tal vez sea razonable plantear modelos de jubilación anticipada similares a los de otros servicios de emergencia.
Tal vez debamos pensar en alternativas profesionales para cuando los años pasen factura y la asistencia en primera línea ya no sea físicamente sostenible.
En otros países este debate ya existe. Se habla de desgaste, de segunda carrera profesional, de reconocimiento como personal de primera intervención. Aquí seguimos discutiendo como si todos trabajáramos bajo el mismo techo.
Y no es así.
El debate que aún no se ha abierto
Siempre he pensado que quienes trabajamos en la calle estamos hechos de otra pasta.
Pero esa pasta también se desgasta.
El debate no debería ser solo cuántas horas trabajamos.
Sino qué tipo de trabajo hacemos.
Dónde lo hacemos.
Y qué riesgos asumimos mientras lo hacemos.
Porque no es lo mismo una guardia entre paredes que una guardia a pie de asfalto.
Y quizá ha llegado el momento de que, cuando se hable del futuro de la profesión médica, también se escuche a quienes trabajamos con el fonendo colgado…
pero con la mirada puesta en la calle.
P.D.: Este no es un debate entre compañeros, sino una oportunidad para que todas las realidades de la profesión médica estén representadas cuando se hable de su futuro.
José Manuel Salas
Médico de Emergencias y Divulgador Sanitario.
Autor de Con Tinta de Médico.



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