«Yo soy porque tú eres», Arzobispo Desmond Tutu.
Desde hace muchos años se viene pregonando en el management sanitario a nivel nacional e internacional la importancia del trabajo en equipo, algunas veces con el desarrollo de estrategias de diversa índole para implementar una verdadera cultura organizacional y otras simplemente vender un hastag muy instagrameable para sofocar conatos de incendios.
Con frecuencia, esta cultura del trabajo en equipo en el ámbito sanitario nos viene importada de otros sectores, del mundo empresarial, de grandes equipos de fórmula uno, de la aeronautica o de una filosofía de vida africana. Todo muy inspirador. Todo muy Power Point.
Pero lo de resaltar la importancia del trabajo en equipo no es algo nuevo.
Aquellos que nos movemos a pie de calle, en el límite de las urgencias y emergencias, aprendimos esta lección el primer día que nos subimos en una ambulancia. No como un comercial eslogan ni como una política corporativa, sino como una condición básica de supervivencia personal y un elemento clave para la seguridad del paciente.
Y lo tengo muy claro, un equipo no puede alcanzar la excelencia si no es capa de integrar cinco ingredientes básicos, respeto, organización, formación continuada, experiencia y liderazgo. Ingredientes que bien gestionados forman la base de una adecuada gestión del talento.
En estos años he visto equipos, que sobre el papel deberían ser la bomba, imparables. Equipo con curriculums interminables. con más horas de formación que guardias bajo sus espaldas, pero que lamentablemente son incapaces de trabajar codo con codo, fracasan en la coordinación interdisciplinar, comunicación o en la creación de entornos donde todos los integrantes de la unidad puedan desempeñar de la mejor manera sus funciones.
Pero ya hablaré de esto en otro post.
Hoy solo quiero lanzar una invernal reflexión -quizás incómoda, antes de que empiece el nuevo año. No se puede ser el embajador de un modelo organizacional sin practicarlo en casa. Es ingenuo pensar que los dogmas que se predican desde una empresa o administración en nombre de una alineación estratégica sean buenos para los trabajadores pero prescindibles para quienes la dirigen.
Predicar con el ejemplo no es opcional, es obligatorio e indispensable cuando se quiere cambiar la cultura de una organización impulsando un verdadero liderazgo transformacional, porque de lo contrario, tarde o temprano quienes hoy trabajan felices bajo esa supuesta cultura de trabajo en equipo, en algún momento dejaran de invertir gratuitamente su tiempo y energía por este «nuevo» paradigma al comprobar que quienes orquestan este supuesto cambio, carecen de las habilidades que exigen a los demás.
Para cambiar la cultura de trabajo de una organización a veces no se debe empezar por la base, sino por la cúspide de la pirámide.
Se el espejo donde otros se miren.
Otra noche de insomnio, otro post Con Tinta de Médico.
JM Salas – divulgador sanitario, autor y editor del libro y blog Con Tinta de Médico.
Máster en Dirección sanitaria, experto universitario en liderazgo.



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