La próxima pandemia no anunciará su llegada. Simplemente aparecerá.
Llegará con fiebre.
Con tos.
Con incertidumbre.
Con una llamada a las 3:17 de la madrugada.
Quizá en una ambulancia.
Quizá en un box de urgencias.
Quizá en una consulta que parecía banal.
El último informe del Global Preparedness Monitoring Board (GPMB) —organismo independiente impulsado por la OMS y el Banco Mundial— lanza una advertencia incómoda en su informe A World on the Edge: el mundo sigue sin estar realmente preparado para la próxima gran crisis sanitaria.
Y esa frase me obliga a detenerme.
Porque durante la pandemia tuve la responsabilidad de poner en marcha y organizar junto con un gran equipo la unidad de traslado interhospitalario de pacientes COVID en la Región de Murcia.
Y vivirlo desde la primera línea.
Vi hospitales tensionados, equipos agotados, miedo e incertidumbre.
Decisiones que había que tomar rápido y con información incompleta.
Y profesionales sosteniendo mucho más de lo que se veía desde fuera.
Aprendimos muchísimo. Claro que sí.
Pero prepararse no es confiar en que volveremos a responder a base de esfuerzo heroico.
Prepararse es invertir antes.
Coordinar antes.
Escuchar antes.
Reforzar una atención urgente y emergente que volverá a ser, una vez más, la primera puerta de entrada.
Porque la primera línea no debería convertirse siempre en la última defensa.
¿Estamos mejor que en 2020? Quiero pensar que sí.
¿Lo suficiente? Esa es la pregunta que de verdad importa.
Otra noche de insomnio, otro post Con Tinta de Médico.
José Manuel Salas
Médico de Emergencias y Divulgador Sanitario.
Autor de Con Tinta de Médico.



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